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lunes, 9 de julio de 2012

Un lugar: Pijijiapan y sus buenas compañías

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Un lugar, un álbum en Flickr.
Un lugar para estar, conversar, acompañar, comer cochito, reír, mirar, callar, comer queso y totopo, caminar, ver, leer, comer barbacoa estilo la Central, escuchar, fotografiar, cocinar, comer pan, dormir, descansar, tomar café, comer arroz, bailar…

miércoles, 28 de marzo de 2012

Diálogos de primera fila. Las mujeres de tantos y de nadie

Tlalnepantla.
27 de marzo de 2012

   Franelas vente a echar un taco…
La mujer de espalda gruesa y prolongado tatuaje en su brazo derecho, arrima su plato de carne con nopales y deja ver el largo tatuaje de su brazo.
De frente una mujer morena con pómulos fuertes, pequeños ojos negros, ceja perfectamente delineada, labios a medio pintar color vino. Toman cerveza para acompañar su comida.
Una mujer de tantos y de nadie. Cartagena de Indias.
Agosto de 2011
Y de nuevo el grito sale de la fonda.
   Franelas cabrón!!! vente a echar un taco o qué tu también desayunaste putiza??
La mujer de pómulos fuertes me mira esperando mi reacción ante el comentario. Simplemente le dibujo una sonrisa de: te comprendo, las comprendo, no tengo más que decir.
Volví a clavar mi mirada en mis deliciosas tortas de pollo en chile verde.
Después de un rato, el Franelas entra a la fonda, franela en mano, limpia la silla, no sé para qué, y se sienta de lado derecho de la mujer del tatuaje.
   Que no oyes que te estoy hablando desde ese rato o qué ya desayunaste? Porque a mí ya me dieron una madriza para desayunar y ahora estoy comiendo.
La mujer de grueso pómulos me vuelve a mirar y ahora dibuja una clara sonrisa en su rostro que me deja ver sus pequeños dientes blancos. Ahora sólo le sonrío con los ojos, mi boca estaba ocupada con un bocado.
   No mames!! Este cabrón se pasó de verga, se puso loco, me puso mis buenos madrazos, pero no se fue limpio...
El Franelas sale corriendo e interrumpe la narración, un cliente se le va y es el primero del día. Eso grita al salir de la fonda.
Las mujeres siguen comiendo, ahora en silencio, y escucho claramente a Pepe Aguilar en la televisión de fondo. Luego de un rato, le gritan al dueño-cajero-mesero, ya cambia esa chingada música ya estamos hasta la madre.
Por supuesto, asiento con gran sonrisa la aceptación de la petición.
Me despido de ellas con un: buen provecho!
Pensé, qué vida difícil la de estas mujeres ¿dónde trabajarán? ¿en el Bar Barrigón? ¿todavía existirá? En los noventa este bar-cantina de mala muerte daba trabajo a gran parte de las sexoservidoras de Tlalne. Luego pensé: ya no pueden trabajar en el Pasaje de los Arcos, la legendaria zona roja del Centro de Tlalnepantla, la cambiaron por un triste y deprimente pasaje cultural.
¿Por dónde andarán esas mujeres de todos y de nadie acá en mi pueblo?

sábado, 12 de noviembre de 2011

Las mejores fotos no se sacan con ninguna cámara


Siempre me he dicho y ahora se los comparto: las mejores fotos no se sacan con ninguna cámara. Mis mejores “imágenes” no las guardo en ningún álbum ni impreso ni digital, las atesoro en la cajita de mis recuerdos de los sentidos, de la mente y de eso que llaman corazón. Hoy me recordé de ese pensamiento cuando caminaba por la calle de Madero, yendo de Eje Central hacia el Zócalo.
Y les cuento.
Y es que por la calle de Madero desde que es peatonal, al menos que sea indispensable, como hoy, no camino, porque para mí gusto, está muy concurrida y, a pesar de que soy animal de contacto, hay cosas para las que no tengo mucha paciencia.
Por ejemplo, ir detrás de mujeres que tienen que caminar de puntitas y con mucho cuidado porque sus tacones se atoran o su tobillos se les van de lado —aunque debo confesar que a veces me divierto con esas escenas y hasta me detengo a bobear— o ir a lado de las doñas que llevan miles de bolsas o grandes paquetes que te van noqueando — bueno aquí ni que decir, cuando me piden disculpas sólo les regalo una bella sonrisa y me voy pa otro lado—.
Bueno, pues, esa es mi historia con la calle de Madero y sus transeúntes, desde hace unos meses.
Hoy no me quedo de otra y tuve que andar por la calle de Madero, porque eso sí, pa’ caminar de noche es lo más seguro para cruzar el centro. Fue entonces que me acordé de ese pensamiento, porque hoy retraté una de esas imágenes que se captan con el olfato, con el oído, con la boca, con las manos y, por supuesto, con los ojos. Son el conjunto de los sentidos y los recuerdos, de aquí de allá, los que permiten captar y guardar pa’ bien adentro esa gran imagen, que valga decir, también es indescriptible.
La calle de Madero, por lo menos, hoy, y en ese rato que anduve, estaba llena de esa versión de ambulante que me gustan, esas versiones de viejos oficios de los comilonas callejeras mexicanas, por supuesto en su versión moderna de: camotero, elotero, cafetero, taquero, ponchero, buñuelero, de los hot cakes,… Además, obvio, los vendedores de lo chino: gorras, guantes, lentes, suéteres, muñecos de navidad,...
Pero me quedo con los primeros: el camotero y su olor a carbón con cascara de plátano quemado y hasta el sonido del silbato; el taquero y sus dos comensales de tacos de chorizo con salsa roja; la seño del ponche a quien no pude resistir las ganas de comprarle; y el chavo de hot cakes con esa versión perfectamente redonda y bien inflada de los hot cakes acompañados de lechera y mermelada.
Ah! caray! Nostalgia pura, pura nostalgia por esos olores, sabores, sonidos, texturas, colores y hasta temperaturas que te producen esas escenas, más sí la acompañas de un buen ponche.
Ya luego los comparto otras fotografías, de esas, que no se sacan con cámara... caray que me acuerdo de varias...

p.d. Con esto también recuerdo por qué mi gusto por las fotos de oficios en la calle, jaaa!! ya luego les comparto la liga con el album de fotos... esas sí son electrónicas.

jueves, 10 de noviembre de 2011

“Fonda entre Hombres”


En general no tengo preferencia para los alimentos, aunque la gente cree que soy vegetariana. Lo que es la verdad “casi” como de todo, pero evito el consumo de “ciertos” alimentos, que por históricos y añejos problemas digestivos, me inflaman la panza o me cuesta trabajo digerir. Por otra parte, “casi” como en cualquier lugar.
Así las cosas, el día de hoy me fui a comer a “una” de las fondas cercanas al Mercado de San Juan. Ayer las vi bastante concurridas y ya era un poco tarde, lo cual resulta una buena opción cuando te das cuenta que en el Centro, al igual que en Colombia, después de las 5 no encuentras comida corrida en ninguna parte.
Hay varias y de apariencia todas son iguales: grandes estufas, con grandes cazuelas, rodeadas de una barra y bancos para los comensales.
Eran casi las 5 de la tarde cuando llegué a la “Fonda entre Hombres”, tenía un hambre del demonio, estaba desvelada y cansada, y fue muy poco lo que vi: cazuelas con comida y un banco disponible.
El cocinero inclino su cabeza, me miro con sus ojos brillantes y con su gran sonrisa me pregunto:
    ¿Consomé o sopa de verduras?
    Verduras, por favor.
El mesero-cobrador me indicó:
    Ahí están las cucharas!!
Y me señaló un bote con cubiertos que estaba frente a mí, es decir, no me dio mis cubiertos, lo cual no lo tomé a mal, ni pensé más. Me sé la sencillez de los lugares.
No miré más, ni escuche más. No podía pensar, necesitaba alimentos. Para esas situaciones, siempre tengo la expresión: no me hablen, no me digan nada, no registro, no puedo pensar: Necesito comida!
Pasado la mitad del plato de verduras, empecé a tomar conciencia de una característica del lugar: no había mujeres. No había mujeres ni cocinando ni sirviendo, ni cobrando, ni lavando trastes, ni mujeres comiendo. Bueno! por supuesto, yo!!
Por el lenguaje, la familiaridad, el ambiente, las bromas, el trato para conmigo, puedo deducir que no están muy acostumbrados a que entren mujeres y les cuento.
En general trataban de no verme, pero me venían; trataban de no oírme, pero me oían. Yo era “algo” ajeno a su ambiente. Para los que estén pensando otra cosa: permítanme aclarar: cara lavada, mochila al hombro, sudadera, pantalón de mezclilla, botas de caminar mucho, con sólo 3 horas de dormir. Nada que ver con mi apariencia. O tal vez sí: qué cara, pobre mujer!
Así las cosas: no era mi falsa presencia pequeña burguesa los que los podía tener en estado de prudencia y hasta silencio incomodo. No, definitivamente no.
Estuve más de 30 minutos en el lugar y aunque iban y venían comensales, no llegó ninguna mujer.
Tal vez fue mera coincidencia. Tal vez, tal vez, pero se me figuran esos servicios populares especializados en ciertos grupos: las fondas que atienden dominantemente a viejitos de la colonia y transeúntes como yo; las taquerías en las que dominantemente consumen los taxistas y transeúntes como yo; las fondas donde asisten dominantemente compradores eventuales del centro y transeúntes como yo; las fondas donde se atienden a oficinistas de traje gris y transeúntes como yo...
También es posible que mis ojos de socióloca.. se estén alucinando y no exista tal uso del espacio-comedor “Entre Hombres”.
Por eso, y pa’ salir de dudas, alguno de los siguientes días, iré nuevamente por allá y les diré qué pasa, porque además la comida es buena y al ambiente de la “Fonda entre Hombres” yo me puedo acostumbrar y ellos… ellos también se pueden acostumbrar a mi presencia, jaaa!!

Nota 1. Contexto del Manual de Seguridad Universitaria 2021

Contexto.  La primera versión de Manual de Seguridad para Instituciones de Educación Superior se publicó en 2011 y la segunda versión salió...