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miércoles, 8 de abril de 2015

Todos los caminos me llevan al yoga

A lo largo y ancho de los últimos 11 o 12 años de mi vida, todos los caminos me llevan al yoga, a la práctica de yoga. 

Y en los últimos días el universo, las circunstancias de mi vida, el trabajo, mis horarios, mi hábitat, ... me llevan a inventar mi práctica personal, mi práctica individual, esa a la que los maestros siempre te alientan que realices fuera de estudio de yoga.
Árbol con mujer, Tepoztlán
(foto: ggs)
 

Y en esa práctica individual, impresionantemente, me di cuenta de la excepcional memoria de mi cuerpo, de mis brazos, de mis piernas, de mis músculos, de mi piel, de mis células, para ejecutar algunas asanas o realizar algunos movimientos. 

Y para esa práctica llega del cajón de mi "memoria-yoga" la voz de mis maestros con diferentes tipos de correcciones: 
  • "sube la rótula"
  • "extiende los brazos"
  • "compacta las caderas" 
  • "codos hacia afuera"
  • "piernas extendidas"
  • "talón bien firme en el suelo"
  • "planta de los pies paralela a la orilla del tapete"
  • "metatarso bien extendido"
  • "manos extendidas, pero sin tensionar"
  • "hombros abajo"
  • "omóplato abajo y adentro"
  • "isquiones hacia abajo"
  • "mete el sacro" 
  • "no hiperextiendas codos ni rodillas"
  • "no saques las costillas"
  • "relaja la cara"
  • "respira... respira..." 

Y de verdad, en cada ejecución me vienen a la cabeza-cuerpo las precisas instrucciones de lo que debo o no hacer, porque se trata de cuidar el cuerpo, no de maltratarlo. 

Y así les digo queridos maestros que sus palabras (instrucciones y correcciones) siguen mejorando mi práctica. 

Y esa es la voz que me guía para los ajustes en mi práctica!

Qué chistoso... sí ya lo sabía y así anduve buscando qué hacer conmigo, mi cuerpo tienen un registro “perfecto” para acomodarse a la práctica yoga y para eso me tengo a mí con todo y las buenas enseñanzas de mis maestros.

Y así que ando en esas y ya cuando las condiciones me den iré a clase, porque...
  • Nada cómo sentir los decididos y perfectos ajustes de Jaqueline; 
  • Nada como escuchar las perfectas y sabias instrucciones de Fernando; 
  • Nada como sentir el apoyo para lograr la ejecución de complicadas asanas de Jess o Cony, y sí...
  • Nada como la guía clara, precisa, fluida y fuerte de Adriana, y por supuesto...
  • Nada como la alegre, divertida y suave guía de Sofi, y qué decir de los primeros maestros Pedro y Caty.

En fin… en fin… que por todo eso hoy, más que nunca, recuerdo a mis queridos, admirados y excelentísimos maestros de yoga y entonces les digo: gracias-gracias-gracias sus enseñanzas, correcciones y recomendaciones hoy me permiten inventar mi práctica personal de yoga.

Los abrazo a cada uno con el corazón bien abierto y la mente bien lúcida.


Namaste  
Que esté bien.
Que estemos bien. 

lunes, 16 de enero de 2012

Mi encuentro con el yoga. Parte 1. El encuentro conmigo

Árbol que crece torcido…,
de verdä que su tronco endereza!

Con profundo respeto y agradecimiento a mis primeros maestros de yoga.



Parte 1. Del encuentro conmigo


Mi primer encuentro con el yoga fue un encuentro conmigo.
En realidad hasta mis 33 años jamás había realizado ninguna actividad física —háblese deporte o cualquier cosa que tuviera que ver con mover el cuerpo[1] de manera consciente—, ya no digamos realizar alguna actividad artística o recreativa. Esas cosas no estaban dentro de mí vida.
Entonces hacer algo con mi cuerpo, era, de inicio, una forma de recuperarme en muchos sentidos. Y ahora les cuento.
Hasta el día que entré a mi primera clase de yoga —hasta ese merito momento, ese domingo 5 de enero de 2003— mi frenética vida se reducía a estudiar y trabajar. Eso sí, obtuve niveles de excelencia en mis estudios de licenciatura y maestría —premio a la investigación por tesis de licenciatura y medalla al merito por estudios de maestría—, y tenía un futuro prominente con mis estudios de doctorado.
A esa edad, ya había tenido trabajos “importantes”, “bien” remunerados y había participado en proyectos “importantes” para… mmm! pues ya ni sé, lo único de lo que sí puedo estar segura, ahora, es que mi vida seguía vacía, no me tenía a mí.
El resultado: un cuerpo enfermo, que era resultado de una mente y un espíritu completamente apabullados y maltratados por una “inteligencia” racional, lógica y determinista de un ser humano (yo, Angélica) que no sabía estar consigo misma.
Sí a ese modo de vida le agregamos una hernia hiatal congénita, un cuadro de gastritis y colitis controlados con medicamentos desde los 14 años, porque además se podrán imaginar que me “tuve” que forjar un carácter fuerte, determinado y controlador para andar por la vida.
En síntesis, esta es mi vida hasta antes del yoga: cuerpo enfermo y un ser hiperactivo, explosivo, compulsivo y controlador. No me quejo, pero durante mucho tiempo sí lo hice, pero además adquirí una rigidez e intolerancia por muchas cosas: lo mal hecho, lo desorganizado o lo ambiguo no tenían cabida en mi vida ¡uy! Sí que me ponían un poco frenética, más bien histérica por tonterías.
Con el tiempo y con otras cosas —de las que luego hablaré— ahora sólo puedo reconocer, aceptar y agradecer que ese camino largo era el que me tocaba andar para llegar al yoga.
En diciembre de 2002, fue el inicio de ese andar. No sabía por dónde, lo único en lo que pensaba era en que ya no podía seguir con esa vida: mi fase de alcoholismo había llegado a su límite. Pequeño detalle, del que había omitido hablarles.
La crisis generada por la pérdida de un amor ya había llegado a su nivel más bajo y no duden sí les digo que no me costó trabajo aceptar que ya tenía que hacer algo y pronto, ya que nadie lo iba a hacer por mí.
Entonces dije, voy a aprender algo que me ocupe: Natación, baile o yoga. Nótese que el inicio fue ocuparme más, pero nunca pensé que esa nueva “ocupación” sería tan importante en mi vida y que en realidad vendría a cambiar radicalmente mi modo de vida, pero sobre todo mi actitud en, para y con la vida.
Con una estructura mental como la mía, bebía recabar información: ubicación, horarios, costos, requisitos.
La oferta de yoga fue la mejor, por varias razones: no interfería en mi idilio con el trabajo, ya que era en domingo y había una clase a las 9 de la noche, pero lo más importante no debía tener experiencia ni conocimientos previos, y había un curso para principiantes ¿caray qué más quería?
Desde la primera clase me sentí bien y al siguiente domingo regresé y hasta compré mi primer mat (tapete de yoga). No sé por qué, pero no tuve duda de que mi cuerpo podía aprender poco a poco a estar. 

El encuentro con el origen: La respiración


El primer mes de yoga fue muy ilustrativo en muchos sentidos. Me percaté y recordé la importancia de respirar, ese fue mi primer reto. En ese momento llevaba más de 15 años fumando y ya consumía más de una cajetilla al día (digamos que una y media, bueno a veces 2 !uy!).
El sólo pensar en que no se respiraba por la boca me provocó un re-aprendizaje elemental. No podía creer que llevará tantos años respirando mal. Entonces, para mí, poner atención en ese hecho fue la clave para aprender a estar, como dicen a estar en el momento presente.
¡Claro! ¿cómo no? El aire es la base de la vida y lo estoy haciendo mal, no pues a corregirlo y ya sabrán que con lo compulsiva que soy —ahora menos— me dedique a cuidar mi boca y mi nariz.
Entonces el cuerpo tuvo sus respuestas. En febrero de 2004 tuve una infección en la garganta que termino en otitis. Falte tres días al trabajo ¿y saben lo que eso significaba? Sí, el acabose.
El quinto día de enfermedad, continuaba con una fiebre terrible y el antibiótico no me ayudaba, tenía sed y no tenía agua en casa, era de madrugada y tenía dolor en todo —cuerpo, alma y espíritu—, y al ver los cigarros me dije: ¿qué me estoy haciendo? ¡no puedo seguir con esto! ¡Este dolor de todo ya lo no aguanto! Y si una fuente de este dolor es el cigarro, la decisión fue sencilla: ya no voy a fumar.
En ese momento —sólo en ese momento, en esa madrugada— me di cuenta del dañado que le había hecho a mi cuerpo.
No fueron los diagnósticos médicos ni las operaciones ni los tratamientos medicamentosos ni las terapias sicológicas ni que me lo dijera mi madre o mis hermanas o amigos, fue esa madrugada y mirarme tan lejos de mí, lo que me hizo empezar a regresar mi mente y mi alma a mi cuerpo físico y para ello el yoga era el medio. Y ya que les digo, pero en esas ando.
El hecho de pensar en todos esos dolores me alejo definitivamente del cigarro, porque además había encontrado una “herramienta” que me hacía sentir bien: el yoga.
Así, durante los siguientes meses ese fue mi trabajo: re-aprender a respirar. Al principio para ser consciente del aire que entraba y salía por mi nariz hacia unos sonidos (ruidos) fuertísimos, mismos que con el tiempo se fueron suavizando.
Hasta aquí… va pues, ya luego les cuento luego de mi encuentro con mi cuerpo, mi encuentro con los órganos y partes de mi cuerpo, y el encuentro más grande: el encuentro con el espíritu y el alma que habitan en este cuerpo.
Va pues.
Que estén bien.
Angélica Gs.
[[P.D. de la caja del recuerdo... este texto es de 2009-2010, ya les comparto mis siguientes encuentros con el yoga, el baile (la salsa), el cine, la lectura y todo lo demás]]
  


[1] ¿Que cómo puede ser eso? Son tres aspectos que de manera general explican esta situación:
(1) Siempre fui a escuela pública y esto significó cumplir con lo mínimo indispensable en las actividades deportivas para que un maestro diera su clase y los alumnos nos ocupáramos durante 1 hora o menos, es decir, en mi experiencia —no sé en ustedes, pero en la mía—, no tuve ningún aliento para tomarle cariño al deporte, ya que estaba marcado por la obligación, pero además por actividades que no me interesaban.
(2) Fuimos 11 hermanos, de los cuales vivimos 9 ¿y saben lo que es dar de comer, educar y vestir a tanto hijos en una familia que fue de nivel bajo a medio? Efectivamente, no había para esas actividades y en realidad en cuanto se tuvo edad, las actividades eran cooperar en las labores de casa o en los negocios de mis padres. Esas eran las tareas extra después de la escuela o la tarea, mis hermanas mayores pueden dar cuenta de ello mejor que nadie.
(3) Cuando pude trabajar pagué mis estudios y después me dedique a trabajar, trabajar-estudiar o estudiar-trabajar y luego trabajar-trabajar, es decir nunca tenía tiempo.

lunes, 2 de enero de 2012

Del dolor y otras cosas

Esta historia se la compartí a una gran amiga hace algunos años, la he compartido a otros amigos y ahora se las dejo a ustedes. A propósito de los duelos, el dolor y otras cosas.

Querida amiga

Estupa, Valle de Bravo, Toluca.
Día de buenas búsquedas y mejores intenciones
Lamento mucho por lo que pasas, tu dolor por el rompimiento con el ser amado me hizo recordar parte de mi historia, la cual te comparto ahora.
La última vez que vi Antonio descubrí como la mente produce el dolor. Antonio había sido el gran amor de mi vida, es un hombre extraordinario, pero ya fue, ya paso, ya no está más conmigo. Y te cuento.
Hace unos años tuve un accidente automovilístico, el cual me llevo a ver mi vida, toda mi vida, en fracciones de segundo y fue como una sobreposición de imágenes, de fotografías, todo paso al mismo tiempo.
Del accidente me quedaron, además de dos molestas fisuras en costillas y un esguince en cervicales, seis meses de inactividad física y de rehabilitación, y muchas tareas.
Durante el accidente, en ese instante cuando sentí que la vida se me iba, vi cosas: a mí, a mi familia, a mis amigos y, por supuesto, al ser amado: Antonio. Ver mi vida en un instante me permitió, primero dar gracias Dios por mi vida y luego fue un estate quieta ¿a ver si es cierto que puedes estar sin el yoga y si el baile? ¿será que puedes estar en silencio y sin moverte? Esta fue la primera lección.
Ese diciembre, sola en casa, inmovilizada le hablé a dos o tres personas para decirles gracias, te quiero, tengo ganas de verte, es decir hice cosas que tenía pendientes y me prometí no volver a dejar de decir nada y menos lo que sentía, no fuera que la vida se me fuera y me quedará con las ganas de…
Así, después de 2 años de no saber nada Antonio, de no hablar con él, me pregunte por él y muchas otras cosas: ¿Será que ya se nos acabo el amor? ¿Será que ya no podemos estar juntos? ¿Será feliz? ¿Será que podemos recuperar algo? ¿Será que podemos intentar volver a estar juntos?
Sólo había una manera de saberlo: hablar con él. Ni su teléfono tenía, lo conseguí a través de una “amiga” común, pero fue tan difícil marcar para hablar con él. Al principio la conversación fue tan torpe, tan desajustada, tan de monosílabos, pero por fin le propuse ir a comer para platicar. Así, salí aquel viernes de mi oficina rumbo al Centro Histórico rumbo a mi cita con el destino.
Me esperaba en un bar, estaba sentado en la barra tomando su whisky, nos miramos a los ojos buscando no sé cuántas cosas, nos abrazamos y sin más nos fuimos a comer. Durante la comida la coversación fue ligera, nada de profundidades, sólo hablamos de nuestros trabajos y nuestros proyectos. Yo necesitaba privacidad para platicarle y preguntarle cosas, "mis" cosas, así que lo invité a ir a mi casa. En ese tiempo vivía por Santo Domingo, en aquel departamento del quinto piso con extraordinaria luz y mejor vista. Llegamos a casa, se sentó en la sala mirando hacia la ventana y yo mirando hacia la puerta. Ya en ese momento hablaba poco, sólo con monosílabos o frases cortas.
Y empezó el interrogatorio…
   ¿qué tal tu matrimonio? Y sólo asentía con movimientos de cabeza expresiones cuya lectura podían ser: “bien”, “va”, “qué te puedo decir”, …
   ¿eres feliz…? Y de nuevo movimientos de cabeza…
A esas alturas y al ver su mirada lejana, ausente, de mí, —él tenía una mirada para mi, esa mirada ya no estaba en sus ojos, ya no existía, era una mirada tan transparente que siempre me decía su humor, su miedo, su amor, su enojo— empecé a sentir punzaditas en el pecho-corazón, luego empecé a sentir cómo se me cerraba la garganta, pero seguí preguntando, y después de hablar y preguntarle sobre la posibilidad de regresar, por la remota posibilidad de estar juntos de nuevo y no encontrar respuesta, sentí una sutil pero profunda punzadita en mi pecho-corazón, la sangre se empezó a helar, era un abismo el que había entre nosotros, pero seguí …
   ¿ya no me amas? Y el silencio llego…
   ¿qué fue de nuestro amor? ¿de verdad ya no hay nada? Y el silencio continúo...
Encogió los hombros, me volteó a ver, apago su cigarro y luego miró hacia el infinito…
Las respuestas de nada, nada ya no hay nada, fueron tan contundentes. Las punzadita en mi pecho-corazón, y ahora mi sangre caliente, hacían que mi voz se empezará a quebrar y mis ojos a inundarse. Sentí como si algo por dentro se me partiera, la mente —cabeza— la sentía pesada, se me nubló la vista y sentí como si algo me estrangulara, ya la garganta y las manos estaban tensas.  
Ya me costaba trabajo que las palabras salieran y los ojos terminaron por inundarse, hasta que al final se derramaron, y a pesar de haberme prometido no llorar, menos frente a él, pus lloré y le dije:
   pero que conste, aquí frente a Dios, y miré una cruz de barro que tenía de frente, que hice lo posible para “rescatar” algo, ¿si algo había?, pero ya veo que no…
Y luego agregué:
   ¿pero sabes…?, estoy segura que algo muy bueno, muy bueno, me está esperando allá adelante. Diosito me tiene guardado algo por allá adelante. No sé qué sea, pero me lo tienen guardado y es muy bueno, porque ya pagué por adelantado. Te deseo que seas feliz, lo mereces, que Dios te bendiga…
No había terminado de decir eso, cuando él me miro con unos ojos que sintetizaban una compasión infinita y un dolor inmenso, por él y por mí, guardo silencio y se fue.
Me quedé sentada en la sala y seguí llorando, pero llego un momento en que sentí que la casa me ahogaba, tuve que salir y sólo me quedé sentada en el escalón de la puerta, mirando las escaleras por donde él se había ido.
Respiré, respiré, respiré, pero también seguí llorando en silencio por un largo rato, ya repuesta, entré a la casa, la miré, me miré y miré a Antonio partir —digo, traía a mi mente el recuerdo de su partida— y sentí como si el pecho me fuera a estallar y ahora llore a gritos ahogados su ausencia, mi dolor, mi soledad.
Ya no fumaba, pero prendí un cigarro, me supo a madres y lo apagué, y mejor seguí llorando. Después de un rato sentí que mis ojos ya no podían llorar más, me dolía la cabeza, sentía nauseas, fui al baño y me miré al espejo. La imagen que vi de mi en ese espejo, no la voy a olvidar nunca: era la imagen de una alma en pena, de verdad, era como la imagen de un ser que no era yo.
Me dio tanta pena verme, pero me seguí mirando en el espejo, me miré a los ojos y me pude ver y sentir hacia dentro: la prolongada punzadita en mi pecho-corazón, el nudo en mi garganta, el ardor e hinchazón en mis ojos, mi sangre pesada y la densidad de mis pensamientos y sentimientos… era demasiado.
Verme así fue terrible, patético, lastimoso, espantoso. Abrí la llave del agua, sentí y miré correr el agua entre mis dedos, y mojé mi cara y pensé:
   Puedo tomar el agua, verme al espejo, estar de pie ¡en realidad estoy bien!
Pensé en mí, en mi persona —cuerpo físico, pues, pero pensé en eso— y eso me trajo al presente.
   No pus sí, la verdad es que, en esencia, estoy bien!
Y asentía con la cabeza y me volví a ver al espejo, y me dije, hasta en voz alta:  
   ¡Estoy bien!, ¡no estoy enferma!, ¡estoy sana!! ¡estoy bien!
Y pensé, ahora, en la respiración, más bien empecé a tener conciencia, nuevamente, sobre mi respirar, pero luego nuevamente atraje a mi cabezota el pensamiento, el recuerdo, de Antonio ahhh!! ayyy!! auuuch!! Las lágrimas nuevamente corrieron por mi cara y el corazón se volvió a agitar y de nuevo el nudo en la garganta, y vas de nuevo a sentir feo, pero luego volví a pensar en esto:
   Estoy parada frente al espejo, puedo pensar, puedo lavarme la cara, ¡no pues la verdad, la verdad,… lo que es la verdad: es que estoy bien!
Y hasta fui capaz de sonreír, ¡porque me burle de mí! y pensé
   ¿puedo seguir trayendo la avalancha de cosas tristes a mi mente o dejar todo eso y sólo ver y pensar en cosas simples, estoy bien y sí sigo llorando los ojos se me pondrán de sapo y mañana me voy a ver muy fea
Y  me volví a reír de mí.
   Puedo observar cómo es respirar, ya sé cómo se hace, lo hago a cada ratito en mis clases de yoga.
   Puedo observar qué estoy pensando, también ya sé cómo se hace y sin dar otro contenido que ese, ver que pasa por mi cabezota.
Entonces dije:
   CARAJO SI TODO ES COSA DE LA MENTE Y ESA LA MANEJO YO,… es lo único que “manejo”, tengo de dos: sigo sintiendo feo o pienso en lo que tengo ahora.
La decisión fue sencilla: ¡no pus de mensa! En ese momento decidí seguir pensando en cosas más sencillas y así calmar mi llanto y limpiar mi mente de la ausencia de Antonio. Total hasta antes de esa cita ya ni estaba, pero esa fue otra reflexión que hice después, durante los siguientes meses.
Me sentía tan cansada, pero seguía pensando en esa cosa casi “mágica” del juego de la mente y sus pensamientos, para luego preguntarme ¿cómo he estado tanto tiempo con eso? Todo es cuestión de que yo decida que hago con mis pensamientos, eso es lo único que controlo.
Pensé: ¡No puedo evitar que Antonio se vaya, ni mucho menos que me deje de amar, no puedo controlar nada de eso, ya que no depende de mí, pero sí puedo decidir qué pensar y qué traer a mi mente!
Ahora sé que fue lo hice en ese momento, los budistas hablan de muchas de esas cosas: observación, encontrar la fuente del dolor, observar la fuerte de dolor y separarse de ella, estar en el momento presente, en fin. Todo eso tiene nombre y diversas explicaciones, ahora lo sé —bueno, digamos que soy más consciente de esas cosas y agreguemos que sé un poquitín más, aunque me falta tanto por aprender—.
En esos momentos no sabía nada de budísmo, ese día era una cuestión de sobrevivencia, porque ya no soportaba tanto dolor y sufrimiento. Y mira que ya sabía de dolor...!! Sí que lo sabía, sí que lo supe y desde muy pequeña por cosas que ahora no voy a contarte.
Después de ese encuentro con el dolor, leí cosas de autoayuda —desde Jorge Bucay, pasando por Dalai Lama—, asistí a cursos, continúe con el yoga, empecé a meditar, fui a clases de baile y tuve mi largo duelo.
Ahora “sé” otras cosas, como la necesidad de estar rodeada de cosas buenas, positivas, de personas sanas, de tener actitud positiva y todas esas que complementan el estar bien.
En resumen, de lo que se trata es estar bien al día, alejar lo que uno no quiere, lo que no necesita. En mi caso, el dolor inmenso que me produjeron las ausencias, porque con Antonio eran muchas ausencias: del compañero, del hombre, del amigo, del protector, del amoroso, del amor, del sexo, de la pasión, de la imaginación, de los sueños, del proyecto de vida, de la comprensión y hasta la idea de tener un hijo —con él con el único que pensé en la posibilidad de tener un hijo—, uy cuántas cosas…! Eran muchos duelos, por eso pasaron muchos años antes de poder “salir” con alguien más. Así, es respeté con mucha devoción ese duelo.
Después vinieron más cosas: asumir y cerrar ese ciclo de aceptación hasta poder decir: "ya no está conmigo, estoy bien y con lo que tengo soy feliz".
Se trata, también, de atraer hacia uno las cosas sencillas de la vida y a veces empezar a disfrutar lo que se tiene. En mi caso: disfrutar mi vida y mi casa en el Centro Histórico, algo que no había hecho porque él no estaba.
Luego ayuda describir lo magnifica que es una! y tal vez plasmarlo en una hoja blanca: hacer el listado más grande y amoroso de las cosas buenas, de las cualidades y los talentos que una tiene y quedarse con eso para dormir, despertar, trabajar y estar en esta vida. Y de lo demás, el dolor y las otras cosas, no hablamos por el momento.
En fin, todo esto para decirte que tu y que yo, y que todos los seres de este planeta decidimos que queremos hacer con nuestras emociones y nada me lo ha dejado tan claro como aquello que dice: “todo lo que somos es el resultado de lo que pensamos” (Siddhārtha Gautama, alias Buda).
Te quiero.
Ojalá esta historia de dolor y otras cosas te ayude.
Que estés bien.
Un gran abrazo.
Angélica

miércoles, 14 de diciembre de 2011

De las búsquedas obligadas


De las andanzas por el Centro Histórico,
noviembre 2011
Conducirse con verdad, dicen, es la más alta regla de conducta y de moralidad, según la cual los pensamientos de verdad se convierten en acciones verdaderas, así “si la mente tiene pensamientos de verdad, si la lengua expresa palabras de verdad, y si la vida entera está basada en la verdad, entonces uno se halla preparado para la unión con el Infinito.”* Es el satya, que dicen los maestros, es la perfecta veracidad de pensamiento, palabra y obra.
Y así me quedo con esto que dicen que dijo Mahatma Gandhi: “La Verdad es Dios y Dios es la Verdad”.
Buen trabajo hay por hacer al día.


Nota:B.K.S. Iyengar, Luz sobre el Yoga. Yoga Dipika. Barcelona, Kairós, p. 38.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El profundo camino del yoga

 Con profundo agradecimiento a mis maestros
en el camino del yoga: los pasados, los presentes y hasta los futuros

El fin de semana tuve la fortuna de irme de retiro, que no de retirada, y  entonces aprendí(mos) cosas elementales sobre EL yoga y LA hatha yoga, y entonces nomás de pensarlo me dibujo una sonrisa irónica en mi cara… ah!! ahhhhh!!! —gran suspiro!!!— Porque cuando uno cree que ya avanzó un poquito, pues nada que estás en pañales, esa es la verdad!!!

Lo más impactante es que ni siquiera estoy pensando en un nivel de yoga ni en un tema en particular sobre yoga ni en una asana (postura); pienso en el “avance” en términos del desarrollo que uno “piensa” que tiene en su “práctica de yoga”; y zas que nada… que te falta harto-harto y es tan poco lo que sé y hago; y zas que falta tanto y es tan grande el universo de cosas por aprender; y zas que es tan largo el camino del bien-estar, que lo único que aprecio es saber que ya he empezado!!!


Shashi Dhar Dimri,
maestro de filosofía 
Shashi Dhar Dimri  es uno de esos maestros que emanan, derraman, proyectan, sólo con su presencia, sus enseñanzas. Es un buen ejemplo de yoga, unión, en este caso unión entre: lo que es como maestro (enseña), es como ser humano y hace fuera de clase. Es un gurú de esos que se leen en los textos sagrados del yoga.


No puedo decir mucho, porque es tan difícil de explicar, esta es de las veces que las palabras no me alcanzan. Sólo creo que a Shashi, como otros maestros, sólo estando en su clase, uno puede comprender como su enorme y magnífica sabiduría puede ser tan amable, cálida, humilde y clara.



Entonces al final sólo puedo citar un diálogo que armamos entre de varias compañeras del retiro, mismo que repetiremos en adelante, cuando la gente nos pregunten sobre nuestra practica de yoga:


   ¿Qué tipo de yoga practicas?

   No hago yoga, sólo hago asanas! 

… Y además las hago mal, porque sudo! 

   Y en qué nivel vas?

   En el 1... ;)

   Y de cuántos?

   De 100 


Así de inmenso y maravilloso es el camino del yoga…!!! :D


El camino de yoga es infinito y me falta tanto-tantísimo por aprender, que más vale hacer una inhalación profunda, así como dice Shashi: profunda no de fuerte, sino de larga, amplia (extensa-expansiva), pero suave, muy suave y que nadie escuche lo profunda que es!!!

martes, 8 de noviembre de 2011

Y otras cosas sobre los motivos de escribir

Y entonces un poco de historia de por qué ese blog.
20 de marzo de 2010.

Para mí era, es, relativamente, fácil hablar frenéticamente de mis pensamientos que se concretan en objetivos, metas, teorías, dichos de libros; así como explicar, analizar, describir, estructurar, organizar cosas-gente-organizaciones-instituciones, tanto que esto ha sido uno de mis talentos para mis trabajos en los últimos tiempos. Lo anterior, algunos lo saben, lo viven, lo comparten y, otros más, hasta lo sufren.
No ocurre lo mismo con mis emociones y otro tipo de “pensamientos” menos intelectuales, hablo concretamente de las reflexiones espirituales y sentimentales. Es más afirmar ¡siento! —sólo eso:
s i e n t o— era algo bloqueado, negado, silenciado, autocensurado y por mucho tiempo.
Entonces escribir y luego publicar estas notas-cartas-pensamientos en un blog es todo un reto para mi crecimiento, desarrollo, evolución (re-volución) de vida.
Porque aprender a decir estoy y estoy bien, son expresiones muy jóvenes en mi vocabulario. Es más, ser capaz sólo de observarlas y después ver cómo suben o bajan de la cabeza al corazón y llegan a otras partes mi cuerpo físico (rodillas, estomago, cabeza, …) es algo, maravilloso, casi mágico, en lo que el yoga ha tenido que ver mucho.
Así las cosas, de lo que tratará este blog es de compartirles algunas cosas acumuladas en esta cabezota-corazón, y algunas otras ya escritas y depositadas en esta máquina, cuaderno o celular, ahora iPod y que hablan de:
  • Mis encuentros con el yoga;
  • Mi encuentro con el yoga Iyengar;
  • Mis encuentros con algunas asanas [posturas de yoga] (porque algunas me las han presentado varias veces y de muchas formas, y nomás no me termino de encontrarme con ellas!);
  • Historias del salón de baile;
  • Las emociones que me producen seres humanos con los que comparto esta vida;
  • Las emociones que me provocan películas, libros, música, viajes, y otras cosas que me encuentro por este camino que me toco andar;
  • Las cosas de fotografía o música que me provocan y cautivan;
  • Las reflexiones o preguntas o temas de estudio que me dejan todas estas cosas; y
  • Las cosas de la ciudad, filosofía y otros temas de reflexión o de mi interés!
Va pues, con el gusto de compartir y de recibir sus comentarios, cuando así se les antoje.
Abrazo enorme.
Gracias.
Que estén bien.
Angélica

domingo, 6 de noviembre de 2011

Domingo de buenos regalos



Hoy además de mi intensa clase de yoga, tuve tres regalos más: ver y darle un gran abrazo a Carmen; reencontrarme con Hanne y mirar  “su vida” en sus brillantes ojos azules; y ver La llave de Sarah.
De los dos primeros, ni qué decir: ya saben que soy animal de contacto y me encanta ver a mis amigos y abrazarlos.
Sobre lo tercero, pues llegué al cine y me acurruque en mi butaca, porque iba en estado de cuajamiento completo, después de los Chaturangas, los Dhanurasana, las escuadras y todo lo demás de la clase de yoga.
De la peli, La llave de Sarah, ya he visto tantas sobre la 2ª guerra mundial, que pensé… una más!! Afortunadamente, para mi gusto, la historia es buena y el tratamiento también. No tiene esos finales felices y melosos que siempre se buscan cuando son dramas como estos.
La música es buena y el manejo histórico es muy ilustrativo jaaa!!! No sabía que los franceses habían hecho eso…
Recomendable del 1 al 10, le pongo 7, pero ya saben que el gusto se rompe en géneros y los míos, no siempre son un referente. 

Nota 1. Contexto del Manual de Seguridad Universitaria 2021

Contexto.  La primera versión de Manual de Seguridad para Instituciones de Educación Superior se publicó en 2011 y la segunda versión salió...