lunes, 7 de noviembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
Domingo de buenos regalos
Hoy además de mi intensa clase de
yoga, tuve tres regalos más: ver y darle un gran abrazo a Carmen; reencontrarme
con Hanne y mirar “su vida” en sus brillantes ojos azules; y ver La llave de Sarah.
De los dos primeros, ni qué
decir: ya saben que soy animal de contacto y me encanta ver a mis amigos y abrazarlos.
Sobre lo tercero, pues llegué al
cine y me acurruque en mi butaca, porque iba en estado de cuajamiento completo, después
de los Chaturangas, los Dhanurasana,
las escuadras y todo lo demás de la clase de yoga.
De la peli, La llave de Sarah, ya he visto tantas sobre la 2ª guerra mundial,
que pensé… una más!! Afortunadamente, para mi gusto, la historia es buena y el
tratamiento también. No tiene esos finales felices y melosos que siempre se
buscan cuando son dramas como estos.
La música es buena y el manejo
histórico es muy ilustrativo jaaa!!! No sabía que los franceses habían hecho
eso…
Recomendable del 1 al 10, le
pongo 7, pero ya saben que el gusto se rompe en géneros y los míos, no siempre son un referente.
Cuando los ojos se inundan...
Pues nunca sé, mi relación con la música (toda) y, en particular, con la
música clásica es muy intuitiva. En la liga de Clásica México vi el promocional de la presentación
de Kun Woo Paik (Celebrando a Liszt), pianista coreano,
llamado el “enfant terrible de la
música”. Caray, caray, caray, y no me falló. Salí sublimada.
No sé, no sé, no sé, pero cuando
algo me llega a no sé dónde resulta que los ojos se me inundan y algo se me
empieza a derramar.
No son lágrimas, claro que no lo
son, esas otras las conozco bien. En el estado de concentración en el que me
encuentro en ese momento, sólo alcanzo a sentir cómo se humedecen mis mejillas,
sin necesidad de sollozar, sólo es que algo dentro de mí se necesita derramar.
Al salir el Palacio de Bellas
Artes, la tarde-noche era magnífica, a pesar del caótico tráfico dominguero, había
llovido, el ambiente era fresco e inspirador. Así que con una noche tan magnífica
cómo no me iba invitar a cenar, así que dirigí mis pasos hacia el Café Tacuba.
No había más, que le vamos hacer, ya no es lo que era hace 10 años, ya estoy
hablando como viejita y es que en el fondo de todo esto, algo de mi alma vieja
anda en estas cosas.
Entonces mientras esperaba mi
orden, pensé (visualice) ese momento en el que las vibraciones de piano me
llegan hasta no sé dónde y los ojos se me desbordan.
Entonces caigo en la cuenta de
que eso me ha ocurrido en otras ocasiones y en otros contextos. Todavía no sé
lo que me pasa y creo que no me importa, pero puedo recordar perfectamente la primera vez que me
ocurrió. Fue en una clase de yoga hace como 7 años, recuerdo perfecto la asana y el momento en el que sentí mojadas
mis mejillas y lo único que pensé, en aquel momento, —ah! mira cómo trabajé que algo se me abrió que hasta se me salieron las
lágrimas.
Pasaron muchos años para volver a
tener conciencia de ese fenómeno, pero lo recuerdo bien. Fue hace como dos años
—no lo puedo olvidar— cuando después de no sé cuantos años, fui a misa por
decisión y convicción propia. Así parece que oficialice mi conversión
espiritual. Ese día las palabras del sermón retumbaron algo no sé dónde y volvió
a ocurrir: mis mejillas de nuevo quedaron
húmedas, mis ojos limpios y mi alma llena de contento.
Ahora recuerdo otros dos momentos
en los que las mejillas me quedan frescas, los ojos limpios y el alma en
contento. Esos momentos, que tienen que ver con una misma situación, me los
reservo para otro relato, para otro espacio, para otra historia, para otro
momento de compartir.
Lo que sí quiero decir, es que
nunca, después de eso, me queda la sensación de sollozo o de lagrimeo o de
desconsuelo. No, nada de eso. Simple y sencillamente es eso, me quedo con unas mejillas frescas, unos
ojos limpios y un alma llena de contento.
Así me dejo el concierto de Kun
Woo Paik en día de hoy en el Palacio de las Bellas Artes.
sábado, 5 de noviembre de 2011
De las tácticas, técnicas o métodos
— Para que las cosas
te vayan bien con una chica hay tres maneras. La primera, callarte y escuchar
lo que te dice. La segunda, alabar la ropa que lleva. La tercera, invitarla a
una buena comida. Es sencillo, ¿no? Y si así no te va bien, mejor que te
resignes y lo dejes corre.
— Es un método muy
práctico y fácil de entender. ¿Puedo apuntármelo en la agenda?
— Por mí, no hay problema.
Pero ¿ni eso eres capaz de retener?
— No. Soy como una
gallina. Doy tres pasos y ya se me ha ido todo de la cabeza. Por eso lo apunto
todo. Por lo visto, Einstein hacía lo mismo.
— Con que Einstein,
¿eh?
— <<Ser
olvidadizo no es ningún problema. El problema es olvidar.>>
Murakami, Haruki (2008).
Sauce ciego, mujer dormida. p. 381.
(Del libro del momento)
Sauce ciego, mujer dormida. p. 381.
(Del libro del momento)
viernes, 4 de noviembre de 2011
¿Qué es lo peor de hacer una pregunta estúpida?
Efectivamente, efectivamente, lo peor de hacer una pregunta estúpida, en mi caso, no es que la formulé, es que alguien me la contesto. Les cuento.
[[Contexto Metro Pino Suárez en la línea Rosa a las 7.30 de la noche, es decir hasta el gorro]]
Le pregunto al erguido y bien informado poli del metro [[por supuesto con su atento saludo de buenas noches y todo lo demás]]:
— Oiga ¿la salida para Izazaga?
— Es ésta. Me alarga la mano en dirección a los torniquetes que estaban frente a nosotros.
— ¿Pero esa salida me saca de este o del otro lado de Izazaga?
— De éste… ¡caray cómo les explico :| :|
Chale!!
Cuando me da la respuesta, reparo en lo pendeja que fue mi pregunta,
eso de este lado no me resuelve nada: no sé cuál es este lado y menos el
lado que tenía en la cabeza el poli. Y voy de nuevo:
— ¿Esta salida me saca al sur o norte de Izazaga?
— No sabría decirle.
mmm!! Y voy de nuevo.
—¿Esta salida me saca a 20 de Noviembre o Tlalpan?
— La saca de este lado…
En
ese momento, ya tenía ahorcada la carcajada por mi estúpida pregunta y
por la contundente respuesta del poli: porque efectivamente esa salida
me sacaba de este lado, pero cuál era ese lado, no lo sé, no lo supe y
no lo quise investigar, y opte por caminar hacia la línea azul de metro.
Moraleja: sí no sabes dónde queda éste lado: mejor ni preguntes!!
lunes, 31 de octubre de 2011
De las razones de este blog y del principio de escribir
domingo, 19 de junio de 2011
| Navegante, Cartagena de Indias, Colombia |
El día de hoy me quedo con dos grandes enseñanzas: reservarme el mejor tiempo para mí, ya que las horas, la vida vuela, “unas horas nos han sido robadas, otras nos han sido robadas, otras nos han huido. La perdida más vergonzosa es, sin duda, la que acontece por negligencia”. Así, la primera gran enseñanza de día de hoy es: asegurar bien el contenido del día, es decir: tener conciencia sobre el contenido del hoy y, así, dice Séneca, “será la forma como se dependerá menos del mañana”. La naturaleza nos puso el fugaz, escurridizo, tiempo como juez. Así, será cosa de reafirmar lo que he hecho durante los últimos ocho años, dar tiempo a todo: al trabajo, a la familia, a la escritura, a la música, al baile --pero ya no en solitario, sino en pareja-- y darle tiempo a mi descanso creativo, pero también a la vida en pareja, esa que nunca he tenido.
La segunda cosa que aprendí es: escribir notas al día sobre reflexiones de un tema. Reflexionar y escribir es algo que vengo haciendo desde hace muchos años, pero de manera desordenada. Tengo notas que debo integrar y ordenar, porque de principio me gusta escribir, y ya tengo algunos años haciéndolo de manera sistemática, aunque lo haga mal. En segundo lugar, porque me gusta compartir. Así, escribir y compartir a través de este blog es una gran oportunidad de realizarme en dos cuestiones: darme ese tiempo de escritura y darme ese chance de compartir.
Y a propósito de las buenas intenciones
"Cuando se hizo mujer, aquella facultad comenzó a llenarla de dudas. El don de afectar de modo positivo el curso de los acontecimientos, de poder cambiar el mundo, pero solo para mejor, debería haber sido una fuente de alegría. Sin embargo, Nazarébaddoor tenía la desgracia de tener una mentalidad filosófica y, como consecuencia, ni siquiera su buen carácter innato podía evitar que se viera invadida por una veta de melancolía. Comenzaron a acosarla cuestiones difíciles. ¿Era siempre bueno hacer las cosas mejores? ¿No necesitaban los seres humanos el dolor y el sufrimiento para aprender y crecer? Un mundo en el que solo ocurrieran cosas buenas, un paraíso, ¿sería un buen mundo? ¿O sería de hecho un lugar intolerable cuyos habitantes, exentos de peligros, fracasos, catástrofes y sufrimientos, se convertirían el pelmazos, engreídos y demasiado seguros de sí mismos? ¿Estaba haciendo daño a la gente al ayudarla? ¿No debería dejar de meter su narizota en los asuntos de los demás y permitir que el destino siguiera el rumbo que eligiera? Sí, la felicidad era algo grande y de mucho valor, como ella creía al fomentarla; pero ¿no era la infelicidad igualmente importante? ¿Estaba ayudando a Dios, o al demonio? No había respuesta para esas preguntas, pero las preguntas mismas, de vez en cuando, parecían una especie de respuestas."
--Shalimar, el payaso Salman Rushdie
--Shalimar, el payaso Salman Rushdie
[Foto y cita: Ggs]
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